28/1/14

Amor cromático I


Atención: Este texto ha sido escrito mientras sonaba esta canción (pincha).
Es recomendable que no deje de ponerla mientras lee el fragmento, para así augmentar el efecto de la narración, Gracias.

Era su tez, lo que tan brillante la hacía. Eran esos pequeños mechones rubios que le caían por el pelo. Era el reflejo de sus ojos azules frente a los míos, a diferencia de que su azul brillaba con mucha más fuerza que el mío. Eran esas pinceladas hechas a trazo firme, incluso esa pintura que goteaba, lo que le hacía tan especial. Era ese olor a pintura, una de las cosas más mágicas de ella. Era cada línea de color en su cara, lo que volvía tan especial a ese trozo de óleo. No nos mintamos, sin ella, ese óleo no sería el mismo. 
Era ella, que aportaba una gama de colores que la definían. Eran las difuminaciones, la que la hacían ser única. Y era tan única entre estos miles y miles de retratos, que por suerte, mi querido artista no quiso que corriera la pintura por sus facciones, ni quiso nublarle la vista, o ponerle dos bocas. No me malinterpreteis, el arte no es algo perfecto, tan siquiera único. La perfección de las cosas depende de la perspectiva de la persona, o de las ganas que tenga de imaginar que algo es perfecto. Puede que ahora mismo no me entiendas, pero para mi no es perfecta porque tenga la cara entera y no sea una especie de cuadro cubista. Como ya he dicho, cada uno ve el arte donde quiere. Y cada uno interpreta por arte lo que quiere. Y para mi, ella era arte. Ella hacía parar a millones de personas frente al único ojo que tenía. Frente a esos labios rojo carmín, y esas ondulaciones rubias del pelo. Era guapísima, de eso no cabe duda. Me pregunto que piensa toda esta gente cuando la ven. Todos aquellos que se quedan inmersos en sus ojos o en su pálida tez. Por lo que a mi respecta, pocas veces podía verla durante el día. Nos separaba toda una sala de por medio. Ella estaba tan allí y en cambio yo tan aquí... Dueños de una misma galería de arte, que durante el día recibía miles de visitas. Ese era el problema, las visitas. Sino fuera porque ella acaparara todas, yo podría visualizarla enfrente mía durante las mañanas. Pero a la gente le gustaba tanto...
Tanto como a mi, que me pasaba las noches esperando a que el guardia de seguridad se sentara en su silla, para poder estirar un poco el cuello. A veces, desearía tener cuerpo solo para poder acercarme a ella, para que nuestras miradas azules conectarán, o para que su rojo carmesí quedara impreso en mis labios. Pero solo era un vivo retrato inventado, por la cabeza de un artista que solo quiere representar a la sociedad actual que busca una nueva identidad. 

No se necesitar ser real o estar vivo para existir. Cada uno de mis colores existe en cierta manera, igual que existimos cada uno de nosotros. Cada uno de estos retratos, que al caer la noche no tienen otra cosa que parlotear, como si así fueran a arreglar el mundo. 
¿Pero sabéis? lo mejor de que llegue la noche y la galería se quede totalmente vacía, es que a pesar de que todo el mundo quiera liberarse un poco y se pongan a hablar, lo más mágico que puede ocurrir durante este tiempo era ella. Y entonces, si de verdad hubiera algún crítico en la sala, sí que tendría motivos para admirar su verdadera belleza, y es que  noche tras noche, nada más salir el guardia, sonríe. Sí, sonríe siempre por el cansancio de estar seria, de crear una imagen que no iba acorde con su vitalidad, pero que la seriedad que producía su boca entreabierta, solo le daba un toque de más perfección a lo que su lienzo era. 
Porque ella era así, real y viva. En cambio, yo era la persona de enfrente, ese retrato serio que no tiene otra cosa que hacer que mirarla y no poder pronunciar palabra, mientras ella pasaba las noches con él, con un estúpido cuadro del tres al cuatro, de un chico de pelo castaño y ojos grises, situado a su lado, con el que entablaba conversación a diario. A veces odiaba los pocos metros que tenía esta sala, solo porque estas eran las dimensiones que nos separaban. El chico de los ojos grises, que tenía los labios de un rosa pálido, comparados con mis labios y los de ella, no era nada. Para que voy a mentir, ese cuadro estaba muy bien hecho, quizás mucho mejor que el mío, pues la gente que se pasaba por delante mía decían que yo tenía mucha seriedad, en cambio había mucha más multitud en él y seguro que no decían que era serio. Que injusto es que te juzguen por ser un retrato serio, tan siquiera conocerme aún. Quizás el no era tan serio como yo por las mañanas, o quizás ella ya había elegido pasar con él las noches. Sea como sea, me mataba. Me mataba esta estúpida distancia, y mi cabeza empezaba a volverse un poco más surrealista. Yo un simple retrato, enamorado de otro retrato que vive siempre enfrente mío, que pasa las únicas horas de libertad que tiene hablando con el retrato de al lado. A veces daría lo que fuera para que ese retrato que estaba a su lado fuera la mujer difuminada que abría la exposición. 

Quizás era yo, que cada noche no me movía, como si yo no tuviera vida, solo estiraba el cuello, y me quedaba en silencio observándola hablar. Estoy convencido de que sus palabras tendrían un tono tan fino como la llegada de cualquier cisne a un lago. Con cuidado, silencioso, y hermoso. Así tendría que ser el oír su fino hilo de voz, que ahora solo puede escuchar ese chico de ojos grises. En cambio, desde mi posición solo se oían las tertulias de mis cuadros contiguos, y algún que otro comentario de los lindantes a ellos. 
Y una vez más, ese fino rayo de sol que entra por la ventana, y rebota en el lienzo de la chica de ojos verdes, indica que ya es hora de prepararse, de que sea cuando sea, volverán a abrir. Preparados, listos, ya, y todos los cuadros estamos ocupando la misma posición que teníamos a la mañana anterior. 

Y es entonces cuando ella se coloca, que me parece que nuestras miradas han conectado aunque sea un solo segundo, y que ese color rojo de sus mejillas, no es producto del reflejo del artista. 
Es de ese sonrojo, del que hablarán todos los críticos a continuación, todas esas personas que se pararán delante de ella a observarla, y podrán ver que su mejilla es distinta y que por suerte o por desgracia, su mirada brilla más que antes. 

Querida familia, siento haber tardado tanto en publicar, algunos ya sabéis que mis temas personales me están ocupando mucho tiempo, y para aquellos que no lo sepáis ando muy liado, así que mil perdones. 
Como siempre me pasaré por vuestros blogs en cuanto pueda, e intentaré publicar la segunda parte lo más pronto posible.
Como siempre podéis mirar el blog literario:

Devora-historias.blogspot.com (pincha para entrar)

Se os quiere y esas cosas.

9 comentarios:

  1. Vaya, es como un cuento (muy muy triste, eso si). Es una buena manera de expresar lo que pasa a veces en la vida real. Cada vez que leo un texto tuyo me sorprendo de lo bien que escribes (¿me enseñas?).
    No me copiare lo de sé te quiere, no, no lo voy a hacer.

    ResponderEliminar
  2. Hay miradas capaces de decir todas esas cosas que con palabras no podemos. Me ha encantado la idea de los retratos, en verdad, eso somos y muchas personas sólo ven lo superficial y nos juzgan sin conocernos realmente...
    Tenía ganas de leer una entrada de las tuyas, lo bueno se hace esperar :)
    ¡Un beso muy muy muuy grande, Leo! <3

    ResponderEliminar
  3. Señorito Leo ¿Podría usted decirme cómo puede escribir tan condenadamente bien y no estar en Madrid firmando libros? Es que no, no, no me lo explico, pero bueno, mándame a la playa si quieres u.u
    Todos tus textos son increíbles, pero este me ha encantado, por eso de que huele tanto a arte y tan bien que.. aay.
    Mucha gente se pregunta por qué por ejemplo Mona Lisa tenía esa sonrisilla, y es curioso, si tuviese vida lo que contaría sería muy interesante^^

    ResponderEliminar
  4. Hace mucho tiempo que no me pasaba por aquí, ya era hora. Ha sido una sorpresa para mí ir descubriendo esta extraña relación entre el cuadro y la mujer. Las descripciones como siempre preciosas e ingeniosas... Pero debe doler que la persona a quien quieres te mire con ojos vacíos, como si viera atreves de ti, como si sólo fueras un fantasma o en este caso de un pintura.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  5. Ay que bonito. Sin duda eres muy bueno escribiendo, jamás se me hubiese ocurrido algo como esto.. Me encantó. Besotes desde el otro lado del mundo.

    ResponderEliminar
  6. me alegro de haberme topao con tu blog!!
    la historia me ha atrapado!!
    avisame cuando escribas la segunda parte :DD!!
    saludos

    ResponderEliminar
  7. Me encanta, oh que lindo♥
    Y ha quedado más que perfecto con la música, me fascina :3
    No tengo más que decir, me he quedado sin palabras.

    abrazos ( de oso )

    ResponderEliminar
  8. Me encanta la manera en que siempre me sorprenden tus textos, uno pensaría que estas contando una historia desde dos humanos, pero luego no es así, eso me sorprende bastante, esa capacidad tuya de sacarle sentimientos a las "cosas", como lo hiciste con la computadora. Espectacular, me encanto el final del texto, besos ♥

    ResponderEliminar